jueves, 16 de mayo de 2013

Futsû






Era una chica bastante alta, de pelo negro y largo, con el flequillo recto que le daba un aspecto bastante infantil por cómo era su cara. No sabría decir el porqué exacto, pero así era.


La miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido a pocos metros de ella. Estaba contenta y no dejaba de jugar con una especie de muñeco de tierra que se movía como una gelatina espesa. Aunque lo verdaderamente extraño era que se moviese, no cómo lo hacía.

—¿Cómo decías que hacías eso? —Pregunté, todavía hipnotizado por la visión de ambos.

Ella me miró igual de sonriente o incluso más, juntando las manos a la espalda como si escondiese un divertido secreto mientas la cosa de tierra a su lado la miraba con curiosidad.

—Es mi habilidad especial. Dar vida a los dibujos que deja el agua en la tierra.

El bicho pareció ponerse contento y ella volvió a prestarle atención. A mí me seguía pareciendo todo demasiado extraño y no dejaba de mirarlos con la boca abierta. Sin duda, “dar vida a los dibujos que deja el agua en la tierra” no se me habría ocurrido nunca como habilidad especial a elegir.

En medio de aquel camino de tierra, limitado a ambos lados por verdes campos de girasoles amarillos y con el sol brillando en la cumbre de la tarde, seguía sin dar crédito a tanta naturalidad, observándola con mis ojos de simple mortal.

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