Le sostenía entre mis brazos, tratando de centrar la mirada en un punto que me ofreciese la respuesta a lo que debía decir en esos momentos para calmar sus lloros. Frágil y tembloroso, con la cabeza hundida en mí, parecía mucho más niño de lo que era en realidad. Me preguntaba dónde habían quedado mis lágrimas entonces; siempre había llorado muchísimo y ahora, allí sentado y en silencio, no era quien de compartir el llanto. Quizá no me daba la rabia furiosa que me atacaba en otras ocasiones, quizás era incapaz de comprender tal frustración o, simplemente, tal vez alguno de los dos debía ser el fuerte. Inmóvil y tranquilo, solo supe besar su pelo para tratar de calmarle, pero este no es, ni mucho menos, el comienzo de la historia.

*^* que genial xD º\o0o/º
ResponderEliminargosto (y lo he leído un par de veces ya xD).
ResponderEliminarnada más que añadir.
e.e