viernes, 6 de enero de 2012

Los desaparecidos del bosque de Countdown

Contaba la leyenda que cuando una mente extraña se adentraba y perdía en el bosque de Countdow llegaba siempre a un camino que se bifurcaba justo al llegar a una pequeña fuente seca de piedra con un banco para viandantes. Allí, en la fría y húmeda roca cubierta por la caricia del sutil musgo, se apoyaban aquellos que dudaban al decidir cual de los caminos tomar. Era entonces cuando, se decía, un pequeño niño vestido con pantalón corto y chaqueta de punto de dos tallar mayor que la suya, se acercaba desde los árboles sin pronunciar una palabra.

Algunos creían aquella historia, otros afirmaban haberla vivido, pero aportaban datos que en otros lugares no se corroboraban, la mayoría se divertía escuchando, pero asumían que no se trataba más que de un cuento para niños revoltosos.
Le pasó a un titiretero perdido caminando una tarde por tan discutido bosque. Topó, para su sorpresa, con el paisaje que los cuentos definían. Se sentó en la piedra y miró a los lados, pero nada apareció mientras esperaba con impaciencia. Se quedó dormirdo y fue entonces cuando, casi caída la noche, una manito acarició su frente y le hizo abrir los ojos de un respingo.

La figura de un pequeño niño con pantalones cortos y una chaqueta de punto negra que no dejaba ver sus dedos se pinceló frente a él. Además de lo que recordaba que decían los cuentos, el titiritero vio que el niño también calzaba unas botitas ajadas y de sus sienes salían un par de cuernitos de carnero.
La impresión para el hombre fue inmensa, ya que pensó que el demonio venía por su alma. Pero tras unos segundos, al ver que el niño continuaba en su postura, decidió acercarse para tratar con él. Si era un niño manso podría hacer un buen negocio. Antes de que se decidiese a hablar, el niño levantó el brazo sin dejar de mirarlo a los ojos y le indicó que tomase el camino de la izquierda.

-¿Estás tu solo? ¿No quieres venir conmigo a donde están los demás? -Dijo el hombre hincando una rodilla frente al niño. Este lo miró y negó con la cabeza, frunciendo el ceño ligeramente. El hombre se molestó por la negativa del niño y se decidió a lleváserlo consigo por la fuerza. Trató de agarrarlo, perseguirlo y atraparlo, pero la noche caía y al hombre no le apetecía tentar a la suerte.
Maldijo al niño y a toda su estirpe y ya fuese por necesidad o cierto temor, tomó el camino que le había indicado hasta llegar a la ciudad.

Algo similar pasó con una joven lavandera. Tomó el camino equivocado volviendo a su pueblo y llegó a la conocida fuente seca. Se sentó algo nerviosa y se vio sorprendida de nuevo por el pequeño. 
Ella fue más simpática. Le ofreció comida, ropa y cariño, pero el niño solo aceptó un bollo de pan que le había dado.

-Pareces algo asustado, ¿no quieres venir conmigo? Tengo seis hermanas que cuidan la casa y mi madre siempre ha querido tener un hijo para que herede cuando mi padre muera. Es cierto que tienes eso en la cabeza, pero él es herrero y algo se podrá hacer -.Le decía con una sonrisa amigable. El niño negó. 
La chica aun estuvo un rato tratando de convencerle, pero no había forma de hacerle entrar en razón. La lavandera consiguió enfurecerse y dedicó una buena reprimenda al crío. Este se limitó a mirarla con la misma cara y señalarle el camino de la izquierda por el cual debería irsea su pueblo.

Escenas similares se repetían cada cierto tiempo en el bosque de Countdow, pues no siempre se perdían aquellos que debían llegar a la fuente y muchos, en lugar del camino indicado por el niño, caminaban hacia un lugar sin retorno en el camino de la derecha a pesar de las silenciosas negaciones de este.


Cierto día llegó un niño de unos nueve aproximados corriendo por el bosque lleno de sudor y apremio. Estaba huyendo de algún tipo de adulto que trataba de hacerse valer frente a un jovencito de su edad. Debido al desatino y las prisas, el niño se perdió en el bosaque y quiso la suerte que su mente, como las de unos cuantos antes, diese en entrar en aquel lugar que conducía a la fuente seca.

El niño, jadeante, llegó a la fuente y la miró con glotonería, esperando encontrar en ella algo que beber. Pero no hubo suerte. Se sentó en la fría piedra y descansó como pudo de su carrera. Fue en ese momento cuando esuchó los pasos del niño carnero y se levantó de un salto para mirarlo de frente.

El niño del bosque miró al niño asustado con curiosisdad y enseguida movió el brazo para indicarle el camino. El otro niño miró al primero extrañado y aliviado porque no se tratase de sus captores y trató de recuperar el aire.

-¿Quién eres tú? -El pequeño corderito se mantuvo en silencio, sin moverse de su postura. El niño cansado lo miró de arriba abajo y luego dirigió la vista hacia el camino de la izquierda. -¿Por allí se llega al pueblo? -El niño del bosque tardó unos segundos en responder y finalmente cabeceó hacia adelante para dar una respuesta afirmativa.
El pequeño fugitivo observó de nuevo el camino de la izquierda y se alejó de él unos pasos de forma que se acercaba al camino de la derecha. Rápidamente, el niño de los cuernos de carnero se le acercó y le tiró de la manga de la chaqueta mientras negaba con urgencia.

-¿No se debe ir por ahí? -El niño del bosque volvió a negar y, al ver que el muchacho no continuaba, lo soltó. El niño cansando se quedó pensativo y luego volvió a sentarse en la piedra. Miró los cuernos del niño.

-¿Por qué tienes eso? ¿Qué haces aquí? -El niño del bosque se encogió de hombros, haciendo bailar las largas mangas de su chaqueta negrea y negó con desconcierto. El niño nuevo calló.

Se estaba haciendo de noche y ya los animales daban muestras de ello. El frío apretaba. El niño huidizo llevaba un buen rato callado mirando a su alrededor y pensando qué hacer mientras se abrazaba a sí mismo temblando. Miró al niño del bosque, que lo observaba con curiosidad.

-Tú...¿Vives aquí? ¿Tú solo? -Preguntó con miedo en el tono. El niño del bosque esperó unos segundos, se acercó un par de pasos y asintió. -¿Y no tienes miedo cuando se hace de noche? -El niño del bosque esperó unos segundos, mirando con curiosidad al niño nuevo y finalmente asintió agachando la cabeza. 
-¿Y por qué te quedas aquí si sabes el camino? -El niño del bosque no respondió. Se limitó a mirar al niño y señalar de nuevo el camino al pueblo. El niño de nueve años dedicó otra mirada al camino oscurecido y se frotó las piernas.

-Hay unos tipos que queiren cojerme. Son mayores y querían meterme en una caja para llevarme a algún sitio. Yo me fui -.Explicó el niño fugitivo bajando los pies del banco. El niño carnero no dijo nada. -No quiero que me encuentren, pero tengo miedo a estar yo solo -.Dijo con las manos apoyadas en el banco de piedra.
Miró al niño de los cuernos y luego el resto del bosque. Después se puso de pie, agachando la cabeza.

-¿Puedo quedarme contigo? -

El niño carnero abrió mucho los ojos y tardó unos segundos en reaccionar. Extendió la mano y agarró la del niño que había conocido aquella tarde. El niño que no se había ido por el camino de la izquierda.

-Nadie me había preguntado eso antes -.Susurró el niño del bosque con una vocecita aguda, esperando a que el otro apretase su mano para perderse los dos entre la oscuridad de los pinos.

2 comentarios:

  1. Aw** me gusta mucho mucho. n0n

    La verdad no se que decir. Bueno, si 2 cosas: que en Countdown siempre leía Downton (xD) y que me he quedado con ganas de una segunda parte.

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  2. si, en la que los niños crecen y follan ¬,¬

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