El edificio donde estaba el médico nunca me había gustado. Siempre me había dado miedo y me acurrucaba en las piernas de mamá cuando entrábamos.
Era todo blanco y con pasillos estrechos con muchas puertas y con mucha gente con cara triste por todas partes. Pero cuando mamá me llevaba era porque teníamos que ir y aunque yo le dijera que me daba miedo ella decía que eran tonterías.
Pero no eran tonterías y yo sé porqué ella y muchas otras mamás decían que lo eran. Las mamás y las demás personas mayores no sabían que los monstruos existían y menos aun que se salían de debajo de la cama para esconderse en otro sitio.
Cuando a mamá le decía que había un monstruo o algo así ella contestaba que no existían. Claro, es que se saben esconder muy bien.
Pero ese día yo iba a enseñarle a mamá el monstruo para que no me hiciera volver más a aquel sitio porque una de las cosas que más me daba miedo del médico era el monstruo. Así que me senté a su lado y me quedé mirando a la puerta a la que entraban algunas personas y la que íbamos a pasar mamá, Borja y yo. Pero claro, mamá siempre se quedaba con Borja en brazos en la otra sala al entrar y yo tenía más miedo.
Me cansé de mirar algunas veces, porque tardaba mucho en salir. Seguramente porque tenía que esconder bien sus orejas y su cola y sus pinchos y todo eso…Pero al final salió y casi no me di cuenta ni yo.
Era un monstruo alto y con el pelo blanco y marrón y siempre se reía pero sin enseñar los dientes afilados porque si no, no podría esconderse bien. Y las personas mayores que estaban allí estaban muy contentas con él, pero solo era porque no se daban cuenta del miedo que daba al verlo y, cuando me fijé bien pude ver su cola escondida y los pinchos de su espalda asomando.
Llamé a mamá muy rápido, pero estaba leyendo algo y cuando miró ya había cerrado la puerta. La próxima vez lo vería. Seguro.
Esperamos más tiempo pero no salió otra vez así que tuvimos que entrar. Me agarré a mamá porque, aunque quería enseñarle al monstruo para irnos corriendo, aun tenía miedo de aquel sitio porque seguro que estaba lleno de monstruos por todas esas puertas y cogían a los niños y a los chicos que van al cole de mayores y no los dejan salir.
Al entrar, cuando mamá me hizo soltarla para sentarnos, me agarré el vestido con fuerza y me miré las rodillas para que no se notase tanto que tenía miedo porque los monstruos sabían olerlo. Pero cuando levanté un poquito la cabeza y lo vi con mamá, sentado detrás del escritorio blanco con tantos papeles, no se le veía ni una escamita. Me quedé mirándolo con algo de sorpresa y cerré un poquito los ojos, pero nada. Ni cuernos, ni escamas, ni garras, ni nada de monstruo.
Mamá decían que no existían y cuando me habló a mí, también pensé que podía ser verdad que no fuera un monstruo. Pero me daba igual, ese sitio me daba miedo y aunque ahora no fuera un monstruo yo ya había visto a uno en el mismo escritorio en el que él se sentaba y con ese pelo gris y marrón.
Como estuvieron hablando de que estos días no podía respirar por el asma y porque tenía que aspirar el tubito ese azul mucho, pues pensé que nos íbamos a ir muy rápido. Pero mamá se levantó y dijo que se iba con Borja porque yo ya era mayor para quedarme sola y que vieran como podía dejar de tener tanta tos y ahogarme.
Me agarré a la chaqueta de mamá porque no quería quedarme otra vez allí sola, porque ella siempre se iba con Borja y entonces yo tenía que quedarme sola con los monstruos que me daban miedo. Pero mamá me dijo que era un ratito y yo asentí porque al final me iba a tener que quedar igualmente.
Entonces, antes de irse con Borja, me cogió en brazos y me puso en la camilla fría y blanca que había en la habitación y que daba más miedo aun que el escritorio y la silla juntos porque además tenía delante dibujos de heridas con sangre y cositas verdes y blancas.
Y allí me quedé, después de que mamá cerrara la puerta, y me agarré con fuerza a la camilla porque aun no podía ver si era un monstruo de verdad porque no veía ni los pinchitos de la espalda de antes.
- Algunas mamás os ven mayores muy rápido-. Me dijo mientras se ponía esos guantes, también blancos y fríos, porque todo allí era igual. Era blanco y frío y daba miedo porque era como algunos sitios de las pelis que aparecían en los anuncios de la tele y que mamá no me dejaba ver.
Cuando acabó de ponerse los guantes aun no le había salido nada de monstruo así que pensé que el de antes se había ido o que mamá tenía razón porque a veces pienso que veo algo y no lo veo de verdad.
El caso es que me miró las orejas y luego la boca con un palito y entonces tuve que apretar los ojos porque me había rascado la garganta. Y cuando los abrí di un salto para atrás porque el miedo vino de golpe porque los monstruos se sabían esconder muy muy bien cuando querían, pero ahora podía verlo todo enterito, como lo había visto otras veces.
Veía los cuernos y los pinchos de la espalda y las escamas alrededor de los ojos y las garras y se le veía tan tan bien que incluso se miraban todos sus dientes afilados cuando se reía.
Cerré los ojos con fuerza porque mamá decía que, cuando viera un monstruo y tuviera miedo, cerrara los ojos y pensara que no existían y así el monstruo se iría porque yo era más lista que él.
Pero como noté un guante frío agarrándome del brazo y de la barriga, ya no pude abrir los ojos porque tenía mucho mucho miedo de que de verdad no se hubiera ido.
- Bonita mía, ¿vas a volver a quitarte el vestidito para mí…?
Ogh.
ResponderEliminarTú sí que eres un monstruo.
¡Si parecía todo normal!
Ser horrible y nauseabundo e_e.
Ogh.
No, ¿eh?
No.
Qué mal cuerpo me has dejado.
Monstruo.
Y lo peor es que se podía intuir levemente en los últimos parrafos. Pero, claro, tú pensabas que no, que sólo era la niña que estaba asustada porque sí, porque es pequeña.
Y resulta que no. Ogh. Normal que se asustará.
Ogh.
e__e