El camino oscuro de aquel callejón no era ninguna novedad para él. Las manos en los bolsillos y la cabeza gacha y empapada por la lluvia de media tarde le daban un aspecto de perro que todos intentaban evitar. Pero caminaba por el callejón, su callejón, aquella oscura y maloliente ratonera totalmente infrecuentada que solo él parecía recorrer una y otra vez.
Caminaba con paso calmo y sin ninguna prisa, no tenía nada que hacer después de aquello. Llegaba al final y se quedaba mirando el gastado muro de ladrillo que le impedía continuar más allá. El fin de su ratonera, el término de su propiedad y el lugar frente al que se hundía en los más intensos y profundos de sus pensamientos. O recuerdos, mejor dicho, pues pensamientos eran de aquellos que aun estaban vivos para percibir la realidad y lo único que quedaba bajo aquella cara sin afeitar y aquel abrigo deshilachado eran recuerdos neblinosos e imprecisos más parecidos a la ilusión de un coloque por cocaína o a la ebriedad del wisky.
Miraba a aquel muro y no podía más que ver su cara, la cara sonriente de la ignorancia y la confianza ciega, la cara redonda y hermosa de las ilusiones y los arcoíris. Miraba al muro y tras la cara sonriente veía los ojos vacíos, más claros de lo habitual, que lo miraban fijamente sin marcarlo en sus pupilas. Bajo la hermosa y tierna cara veía simplemente la sombra de un cuerpecito dislocado y mal caído, manchado por la suciedad de la calle y mojado por la lluvia.
Y frente a esa pared maldita que cada día frecuentaba en soledad y de la que únicamente lo desprendía la más insólita oscuridad que ya no dejaba que la diferenciase del resto del pasaje, se quedaba inmóvil reviviendo una y otra vez los últimos momentos de la cara tierna que, sonriendo, había pedido ayuda a un hombre de buen traje atareado con su móvil para encontrar las canicas que se habían caído de su bolsa en un tropezón.
Mal momento en que el hombre apartó a la criatura para no perder el último taxi de la tarde estando como estaba el tiempo de nubes concentradas que vaciaban todo cuanto líquido contenían. Los dos ojitos azules, sin capacidad para retener una fuerza involuntaria pero eficaz, se vieron empujados hacia atrás hasta que la cabeza dio contra un saliente de la acera para dejar la boca desencaja tras un crack que resonó como el peor de los truenos en la cabeza del hombre.
Y allí permanecía, atormentado cada día por el mismo recuerdo, por la misma vivencia. Atormentado por las cadenas urbanas que lo habían llevado a semejante acción despreocupada y que ahora, desde el interior de la pared, acomodado con plástico y cemento, le recordaban día a día, cada vez con mayor intensidad –quizá por la cercanía de su fin- la cara angelical que desde la pérdida de aquel juguete, quedaría marcada por siempre en el muro final y oscuro de aquel que era su callejón húmedo, íntimo e infectado.
Bien, bien, este ha sido el resultado de mi parte del trato u,u La canción que me tocó fue Space Dementia de Muse Aquí por eso no era posible un relato muy alegre XD No se si me convence el acabado y algunos conectores <_< pero bueno, es la primera vez que hago uno de estos wordsongs o.o Gracias por la atención u,u
Aquí dejo el link de la historia que se le ocurrió a mi compañera con la canción que le tocó "Las cucarachas me enseñana a bailar"
Aquí dejo el link de la historia que se le ocurrió a mi compañera con la canción que le tocó "Las cucarachas me enseñana a bailar"
>w< Ya te dije por msn que me gusto :33
ResponderEliminarEs genial, pero claro, te pasé Space Dementia (mwajajaja xD). ¡Cualquier cosa con esa canción de fondo tiene que quedar genial!
>__< Me gustó muuuucho. Muucho, muuucho, muuucho. Otro día repetimos y te paso una canción de skaters :D! A ver qué haces con eso (kukukukukuku~~)
>w<!